lunes, diciembre 05, 2005

La Papisa (cuarto capítulo)

Papisas, brujas y maleficios 1

Me llamó Úrsula desde su retiro en el bosque el domingo a las 7 de las mañana. Mientras en su cabeza cantaban los pajaritos, en la mía aún brillaban las estrellas.

- Ursu, ¿qué pasa?- fue lo primero que se ocurrió responder
- ¿Cómo que qué pasa? ¡Nada! ¿Qué va a pasar? Buenos días, ¿eh?
- Son las 7 de la mañana, las siete.
- Ay, sí, hace un día precioso. Tenía ganas de hacer tu pastel de La Papisa, pero no sé dónde tengo la receta.
- ¿Y la señora quiere el pastel para desayunar?
- ¡No qué va! Ese pastel es más de merienda, ¿verdad?
-
Pero.. pero, pero es que tú te has tomado algo. Es domingo, son las siete de la mañana y me llamas para la receta del pastel de
La Papisa que quieres para la merienda.

- Sí, te lo acabo de decir, no hace falta que me lo repitas ni que te pongas así. ¡Surgió! Es una cosa que surgió.
- Bueno, si insistes también puedo ir allí y preparártelo yo para tu desayuno campestre.
- Sólo tienes 3 horas de camino, podrías llegar para... para las diez o diez y media, supongo.
- Sabes perfectamente que no soy madrugadora. Y ahora que recuerdo ...¡Tú tampoco!
- Eso, eso, no te preocupes que yo tampoco.
- ¿Entonces?
- Bueno, recuerda que no se puede decir de esta agua nunca beberé.
- Beberé del agua, vale, vale, me podré las botas, beberé como una borracha de agua. Pero no
pienso levantarme. Es domingo, hace frío, quiero quedarme en la cama.

- No te estoy pidiendo que salgas de la cama, venga, sólo que me des una receta.
- Esto es increíble
- ¿Escuchas los pajaritos?

Juro que Úrsula, mi amiga Úrsula la dormilona sacó el teléfono por la ventana para que yo escuchara pío-píos a las siete y quince de un frío domingo de invierno prenavideño y con ráfaga polar incluida. Me hizo repetir la receta tres veces porque decía que yo iba demasiado rápido, me cantó una canción (ya no sé cuál) y colgó.
El aire de la montaña debe de estar muy contaminado últimamente, la polución hace estragos por doquier.

Ya no pude volver a dormirme, me quedé un rato remoloneando en la cama, leyendo. Hacía sol, puse una lavadora y salí a dar una vuelta. El día era fresco, el cielo estaba de ese azul de crayón infantil que me gusta tanto, los árboles aún verdes ya iban perdiendo sus hojas. Una se deslizaba en tirabuzones elegantes justo enfrente mío. En ese momento fue cuando escuché que alguien me llamaba por mi nombre. El día era extraño y alegre a la vez, me volví con una sonrisa amplia y feliz. Enfrente mío tenía a ...

- ¡Corazón, hace mucho que no nos veíamos!

Me dio una gran abrazo, como si en realidad no nos hubiéramos visto en meses o años. Ella también sonreía.

- ¿Qué vives por aquí, cariño?
-
Bueno, no, no, es que he aprovechado el día para ir caminando hasta casa de
unos amigos, pero me temo que llegaré tarde.
- Bueno, cuéntame cómo estás y qué haces.
- Bien, bien. Buenos, ya sabes, trabajando, bien, vaya. ¿Y tú?
- Bien, ya ves. ¿Y qué estás haciendo ahora?
- Pues eso, ahora voy a ver a unos amigos que...
- ¡Jajajaja! Tan graciosa como siempre... No, cariño, digo que en qué andas.
- Nada, nada del otro mundo, todo muy normalito. Bueno tú, por cierto, estás igual.
- Gracias, gracias. Me halagas. Pero cuéntame, venga. ¿Novedades?
-
¡Oh! Ah... ¿novedades? Déjame pensar, déjame pensar, pues yo diría que no, no, nada
nuevo, no. Pues no.
- Ay que ver... bueno, es lo que tiene la tranquilidad, ¿no? Hay que disfrutarla mientras

dure. Si no tienes novedades y todo sigue igual hay poco que contar, ¿verdad?
- ¡Jajajaja! Tienes razón, tienes razón...
- Claro, claro, cariño.
- Mira, es que se me está haciendo realmente tarde. Lo siento, pero es que ...
- Lo entiendo, cariño, lo entiendo, claro. Dame t teléfono que te llamo y así quedamos para

vernos.
-
¡Claro! Mi teléfono... a ver... es el 627...¡espera! No, no, es el 672.. es que nunca me
acuerdo. ¡Hay que ver! Espera... espera... 627, yo diría que es 627. Bueno, tú prueba 627 o
672 uno de los dos es seguro. Luego, luego... ¿luego? Uys, va a ser que no me lo sé. ¡No me
lo puedo creer! Claro, cómo no me llamo nunca...
- Ya... Bueno, tendrás una dirección de correo electrónico.
- Sí, por supuesto.
- Y si me la das...
- Sí, sí, así me puedes escribir, ¿no? ¿No te la había dado?
- ¡Jajajajajajaj! ¡Qué graciosa! Creo que no, cariño, sino no te la pediría.
-
¿No? ¡Increíble! Perdona, ..... que estoy viendo que viene un taxi. Me voy corriendo. Un
beso, chau. Hasta la próxima.

Continuará...
...el lunes 12 de diciembre

Cada lunes, una nueva entrega ;-)

. . . . . . .

Ilustración: Carta 2, La Papisa, Tarot Ricmeric, Francia, 1981-1997

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