lunes, septiembre 11, 2006

La Emperatriz (capítulo IX)


Julia

Julia seguía leyendo historias de amor, nada más le importaba del mundo o del Universo.

Amor natural


Cada día me miraba. Primero lo noté de reojo. No me lo esperaba. Lo que más me sorprendió fue que luego lo hiciera tan descaradamente bajo los rayos del sol. ¿De dónde habría salido? No, no fue nada de eso, sino descubrir que yo sentía algo. Cuando sabía que estaba cerca y más aún mirándome, temblaba. No era perceptible, apenas, vaya. Me gustaba porque era tan auténtico, porque se arriesgaba por mí, no temía demostrar lo que sentía. Era valiente y osado. Y todo esto lo hacía por mí. Contra viento y mareas de lluvias hacía lo imposible por estar cerca de mí. Yo sentí aquello que con certeza es amor.

En los días soleados me henchía llena de entusiasmo brillante. Entonces sabía que el Universo era yo y que estaba todo tan bien, feliz, ya no necesitaba nada más ni más agua ni más sol ni más cielo ni más sombra ni más frescor.

En los días nublados mi soledad me resultaba insostenible. Luego le veía por allí silencioso e insistente. Entonces se me ocurría que todo era posible. También nuestro amor a pesar del mismo todo.

En los días de lluvia yo lloraba también. Él no lo notaba, bien me guardaba yo. Mientras bajo el aguacero él me gritaba mi nombre con su vocecilla diminuta.

En los días de viento me sentía salvaje. Él lo notaba y esperaba el tiempo que hiciera falta hasta que nos acercábamos y nos acariciábamos.

Me rendí ante la evidencia. Yo también quería gritar su nombre. Él lo entendió al instante. Se acercó y atravesó mi cuerpo. Yo temblaba una vez más. La lluvia arrancó celosa otro bombardeo de gotas metálicas.

Aquel año inesperadamente nacieron otras pequeñas flores de una rara textura y color. ¿Sería el viento del norte? ¿La lluvia? Eran inusualmente hermosas de un fucsia vivaz manchado de un igualmente brillante verde, resaltaba en el centro la alta flor de fucsia feliz. Todo sucedió en el balcón de un viejo edificio en ruinas. Algún fotógrafo voraz de curiosidades había inmortalizado aquel espacio que ahora los vecinos se empeñaban en que no fuera destruido. Pero a nadie importaba que allí hubiera nacido un poeta poco importante y una cantante de ópera muerta hacía demasiados años. Aquel balcón, pero nadie podía saberlo, era el del poeta que ahora añoraba sus macetas, su jardín de bolsillo tan delicado como un encaje de bonsáis y su cantante de ópera.

El pequeño gusano embarrado en las noches de lluvia fría subía por el tallo de la flor, el agua lo golpeaba pero ella intentaba protegerle con sus grandes pétalos. Él no se desprendía, pero la lucha era titánica contra aquellos enormes goterones de lluvia de espadas de mercurio. La flor estuvo a punto de quebrarse en más de una ocasión pues su tallo era largo y fino, a veces no podía soportar el peso del alargado gusano verde bajo sus enamorados pétalos fucsias.

Continuará...
. . . . . . . . .
Imagen: La Emperatriz, Arcano III, Tarot del Renacimiento

1 nos cuenta...

Blogger pilar nos cuenta que ...

Qué ganas de volver a sentir esa sensación...

8:41 p. m.  

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