lunes, septiembre 11, 2006

La Emperatriz (capítulo X)

ESTE LUNES 11: DOS CAPÍTULOS IX y X


Marla

Llueve en Singapur. Y a cada gota que golpea contesta el tictac del tiempo que no queda. Marla está agotada, se le arrastra el cuerpo a su cabeza, por costumbre, por pereza. Tiene frío; es verano.
Tom la observaría con el entrecejo fruncido mal disimulado por algún minuto, si estuviera allí. Si estuviera aquí. Está de viaje de trabajo por malasia, Tailandia e Indonesia, un viaje largo esta vez, justo esta vez.

Por hoy y para ir a recoger a los niños al colegio marla llamará un taxi. Se encuentra incapaz de dar uno paso. Un paso, sólo uno; y luego otro, sólo otro. Qué cosa tan ridícula; sin embargo le cuesta tanto. Marla se resiste ante un escalofrío de miedo y se acuerda de rezar porque ni su aliento la sostiene. Tengo que ir a recoger a los niños al colegio, tengo que ir a recoger a los niños. Lo viene repitiendo a cada paso entre su puerta y la del taxi que espera.

Una vez dentro quiere indicarle al taxista adonde irán, pero no se acuerda y siente terror. ¿O fue al revés? Sintió terror y olvidó. Había sido casi simultáneo. Juraría que primero veía la cara del conductor malayo sonriente que la saludó y le preguntó a continuación adónde se dirigían; de súbito se dio cuenta de que ya no recordaba, inmediatamente se esforzó y sintió luego el terror, un terror que aumentaba a cada paso de la lucha por no olvidar. Dios mío ayúdame. Rotat Tarot Torat.Era un grito mudo. Un grito como toda ella. Sólo ella lo escuchaba golpeando frente a una inmensa puerta cerrada con brazos cada vez más desesperados y cansados. Dios mío ayúdame. Rotat Tarot Torat. El grito acabó por suplicar sin voz entre lágrimas que se derramaban solas. Dios mío ayúdame. Rotat Tarot Torat.

- Señora, ¿a dónde vamos, por favor?- la interrumpía el taxista y su sonrisa.
- Un momento- contestó casi brusca, no lo sabía- No lo sé- se le estaban cayendo lágrimas sin ruido.
- No se preocupe, esperemos- el taxista malayo se encendió un cigarrillo mientras se preguntaba si no le molestaba a ella y al final dudó.
- No en absoluto, no se preocupe, de verdad- y las lágrimas no querían parar, no querían, no querían.

Al ir a encenderse el cigarrillo, el taxista observó de soslayo a aquella mujer de hermosos ojos verdes que lloraba en absoluto silencio mirando al frente. Parecía una marioneta abandonada de la mano de algún dios que se da cuenta y sólo puede llorar, nada más.

- ¿Quiere?- y le mostraba el paquete de tabaco.
- Sí, gracias- Marla necesitaba algo, lo que fuera.

Se acercó, cogió el cigarrillo e inspiró no sólo nicotina sino un pequeño resquicio de aquella sonrisa asiática tan bondadosa.


Imagen: Arcano La Emperatriz, Tarot Chino

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Marla necesita un rostro amable, y lo encontró.
Cómo se agradece en esos momentos de agotamiento absoluto ese pequeño detalle que te salva.

besos

8:37 p. m.  

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