El Emperador XIX

Relájate y haz algún pequeño ejercicio de respiración, luego empieza a llamar a las personas que han existido o existen en tu vida, salúdalas y despídete, nombra a cada una de ellas. Nombra tus momentos de felicidad y de tristeza, de miedo y rabia. Simplemente nómbralos, no tienes que hacer nada más. No se trata ni de intentar ser positivos ni tampoco de ser negativos, se trata de nombrar. Ponlos en fila y déjalos pasar sin que te agarren, sólo nómbralos mientras sigues pendiente de tu respiración que es lo que te ayuda si en algún momento te turbas. Concéntrate en tu respiración si una imagen o recuerdo te "engancha". Tal como señala la gran poeta Alejandra Pizarnik la palabra puede sanar, no porque nos enfurezcamos el mar dejará de existir, ni el mundo tampoco, “...por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.”
Puedes preguntarle al Emperador cómo nombrar las situaciones, pues los nombres dan forma a la realidad y es precisamente eso lo que hace el Emperador de la carta del Tarot. No olvidemos, sin embargo, que hay más que el nombre de las cosas y es la experiencia de ellas mismas. Nombrar es, además, un acto creativo porque no es suficiente con pensar, analizar. Para hallar el nombre correcto, la palabra que define, será necesario sentir, conectarnos con nuestra parte intuitiva y con nuestras experiencias, con lo más hondo de nosotros mismos, la palabra nace en el cuerpo. El Emperador y la Emperatriz van unidos. Se trata de un orden amoroso, de un nombrar amoroso. El Emperador se ocupa de poner las cosas en su sitio. Con amor.
Puede suceder que aceptemos la categorización, algunas estructuras, algunas normas y leyes sin pensarlas, sin digerirlas, y que en lugar de estabilizarnos, nos anquilosen, nos bloqueen. Entonces El Emperador también se vuelve un arquetipo inmóvil y rígido, el nombre habrá perdido su vitalidad y se habrá convertido en pura forma vacía. Hay momentos de excepción en los que los “así se ha hecho siempre” no nos sirvan de gran ayuda. ¿Qué le pasará, por ejemplo, a aquel niño al que insistentemente le advertían sobre los extraños cuando crezca y tenga que marcharse a un país extranjero o le toque trabajar con personas de otras culturas? Puede parece un ejemplo nimio, pero se trata de un ejemplo como cuialquier otro que ilustra una posibilidad. ¿Qué pasaría? El significado está más allá de algunas normas, somos nosotros los que digeriremos las estructuras para cerciorarnos de su utilidad. Los tiempos cambian, las normas también, no todas, algunas se recuperan, otras se modifican, otras siguen perennes. En un Universo donde todo cambia, nada descansa y todo se mueve se hace necesario revisar los conceptos para descubrir su significado íntimo, su esencia... pero ya es una cuestión de las que se ocupa íntegramente el Sumo Sacerdote.